Por
Enrique Ubieta - Reblogueado desde La pupila insomne -
La verdad social puede ser escurridiza. No basta con
pretenderla para hallarla. A diferencia de la manzana de Newton, no siempre cae
hacia abajo. En gran medida su descubrimiento depende de nuestros ojos; y más
que de los ojos, de nuestra mirada, o para ser más exactos, de nuestro ángulo
de visión, de nuestra atalaya. Existe con independencia de los individuos; pero
la guerra en torno a su legitimación expresa intereses. Las simplificaciones
más comunes acogen extremos falsos: que la verdad está repartida entre todos,
que es la suma de todos los ángulos de visión; que sin la verdad de los
explotadores es parcial e incompleta la verdad de los explotados. Es curioso,
pero los extremismos se ubican, paradójicamente, en la comodidad del centro.