Hace unos días me llamaron para preguntarme si yo estaba en
la lista de los fans de Fernando Ravsberg, esos que según el aludido no se
cansan de escribir artículos sobre su persona desde otra página de la
blogosfera cubana.
Pregunté por qué me hacían la pregunta, fue entonces que me
recomendaron entrar a su página. Hice una excepción y entré. Digo que hice una
excepción porque desde hace algunos días opté por no leer más las “cartas” que
Fernando nos manda desde Cuba.

