Fue un verano. El último antes de empezar a trabajar. No más
vacaciones de dos meses, se dijo Damián y se prometió disfrutar sin ambages
cada día de julio y agosto. Ahora tiene mil reproches al joven que fue
entonces. Aquel con un futuro promisorio en la Informática, el mejor de su
graduación, casi tira todo por la borda en busca del ocio.
