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El modelo "made in USA", aceptado por
muchos como paradigma de la democracia.
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Desde que se acuñó para nombrar una forma de funcionamiento
social en la Grecia culta y fértil, pero esclavista, el término democracia
—etimológicamente, poder del pueblo— ha venido cargando con realidades y
embustes, logros y manquedades, en proporciones varias. Así y todo, constituye
un desiderátum de la mayor importancia para la humanidad. Pero causa espanto el
atolladero a que ha llegado su uso en las versiones privilegiadas en el mundo
por los medios imperantes, instrumentos de los poderosos.
En medio de una realidad en que los intereses imperiales
fomentan guerras, genocidios, actos terribles como los sufridos por las masas
de emigrantes echados de sus tierras por los conflictos bélicos y la pobreza
que estos agravan, cuando en muchas partes asoman las garras del fascismo,
sobran ejemplos para ilustrar la falsedad de quienes medran falseando y
haciendo fracasar la democracia.