El
presidente Chávez presentó ante el Parlamento de Venezuela su informe sobre la
actividad realizada en 2011 y el programa a ejecutar en el año actual. Después
de cumplir rigurosamente las formalidades que demanda esa importante actividad,
habló en la Asamblea a las autoridades
oficiales del Estado, a los parlamentarios de todos los partidos, y a los
simpatizantes y adversarios que el país reúne en su acto más solemne.
El líder
bolivariano fue amable y respetuoso con todos los presentes como es habitual en
él. Si alguno le solicitaba el uso de la palabra para alguna aclaración, le
concedía de inmediato esa posibilidad. Cuando una parlamentaria, que lo había
saludado amablemente igual que otros adversarios, solicitó hablar, interrumpió
su informe y le cedió la palabra, en un gesto de gran altura política. Llamó mi
atención la dureza extrema con que el Presidente fue increpado con frases que
pusieron a prueba su caballerosidad y sangre fría. Aquello constituía una
incuestionable ofensa, aunque no fuese la intención de la parlamentaria. Sólo
él fue capaz de responder con serenidad al insultante calificativo de “ladrón”
que ella utilizó para juzgar la conducta del Presidente por las leyes y medidas
adoptadas.
Después de cerciorarse sobre el término exacto
empleado, respondió a la solicitud individual de un debate con una frase
elegante y sosegada “Águila no caza moscas”, y sin añadir una palabra,
prosiguió serenamente su exposición.




