Mostrando entradas con la etiqueta Hugo Chávez. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hugo Chávez. Mostrar todas las entradas

domingo, 24 de marzo de 2013

Lamento aguerrido

Quise escribir estas líneas antes, pero han sido tantas y tan fuertes las emociones, que apenas ahora me atrevo a plasmar cómo viví la triste noticia de la desaparición física del Comandante-Presidente de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez.

Ese día había viajado a la capital, y al desmontar del ómnibus, lo primero que escuché fue la publicación en el Granma de que su estado era muy delicado. Inmediatamente comenté con mi esposo: "Si el periódico dice eso, es porque de hoy no debe pasar". En mi pecho se albergó un dolor profundo, el de la certeza de la noticia que escucharía solo unas horas más tarde.

martes, 25 de diciembre de 2012

¡Feliz Navidad!, camarada Chávez

Aunque soy cristiana, la Navidad no tiene para mí ese significado místico, profundamente religioso, que le atribuyen algunos.

Detesto, además, la tergiversación consumista con la cual es asumida en la mayor parte del mundo occidental: Santa o Papá Noel, son a mí entender símbolos del capitalismo más crudo; ese que que se debate en una crisis cada vez más profunda y dilatada.

Sin embargo, este 25 de diciembre ha sido distinto. Mi corazón rebosa de gozo y gratitud. a noticia es grandiosa: el entrañable presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, está mejorando.

viernes, 27 de enero de 2012

Reflexión de Fidel: La Genialidad de Chávez

El presidente Chávez presentó ante el Parlamento de Venezuela su informe sobre la actividad realizada en 2011 y el programa a ejecutar en el año actual. Después de cumplir rigurosamente las formalidades que demanda esa importante actividad, habló en la Asamblea a las autoridades oficiales del Estado, a los parlamentarios de todos los partidos, y a los simpatizantes y adversarios que el país reúne en su acto más solemne.
El líder bolivariano fue amable y respetuoso con todos los presentes como es habitual en él. Si alguno le solicitaba el uso de la palabra para alguna aclaración, le concedía de inmediato esa posibilidad. Cuando una parlamentaria, que lo había saludado amablemente igual que otros adversarios, solicitó hablar, interrumpió su informe y le cedió la palabra, en un gesto de gran altura política. Llamó mi atención la dureza extrema con que el Presidente fue increpado con frases que pusieron a prueba su caballerosidad y sangre fría. Aquello constituía una incuestionable ofensa, aunque no fuese la intención de la parlamentaria. Sólo él fue capaz de responder con serenidad al insultante calificativo de “ladrón” que ella utilizó para juzgar la conducta del Presidente por las leyes y medidas adoptadas.
 Después de cerciorarse sobre el término exacto empleado, respondió a la solicitud individual de un debate con una frase elegante y sosegada “Águila no caza moscas”, y sin añadir una palabra, prosiguió serenamente su exposición.