Aunque soy cristiana, la Navidad no tiene para mí ese significado místico, profundamente religioso, que le atribuyen algunos.
Detesto, además, la tergiversación consumista con la cual es asumida en la mayor parte del mundo occidental: Santa o Papá Noel, son a mí entender símbolos del capitalismo más crudo; ese que que se debate en una crisis cada vez más profunda y dilatada.
Sin embargo, este 25 de diciembre ha sido distinto. Mi corazón rebosa de gozo y gratitud. a noticia es grandiosa: el entrañable presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez, está mejorando.