domingo, 24 de marzo de 2013

Lamento aguerrido

Quise escribir estas líneas antes, pero han sido tantas y tan fuertes las emociones, que apenas ahora me atrevo a plasmar cómo viví la triste noticia de la desaparición física del Comandante-Presidente de la Revolución Bolivariana, Hugo Chávez.

Ese día había viajado a la capital, y al desmontar del ómnibus, lo primero que escuché fue la publicación en el Granma de que su estado era muy delicado. Inmediatamente comenté con mi esposo: "Si el periódico dice eso, es porque de hoy no debe pasar". En mi pecho se albergó un dolor profundo, el de la certeza de la noticia que escucharía solo unas horas más tarde.


El día que Chávez abandonó la tierra para eternizarse en la Historia, dejo sumidas en el dolor a millones de personas. Innumerables rostros consternados, muchos bañados por el llanto, vi esa tarde-noche mientras recorría algunas de las más céntricas calles de la urbe habanera. Expresiones de dolor, y de un cariño sin límites, escuché de labios de hombres y mujeres de distintas generaciones.

Sin embargo, una verdad se abrió paso, tan espontánea como la acción de los tres hombres que bajaban por 23, hacia el Malecón. "Chávez no está muerto, vive en el corazón de todos los cubanos", decía el cartel portado por ellos.

Y así es: Chávez vive. Alienta en el corazón de los cubanos, de los venezolanos, y de todas las personas amantes de la paz y respetuosas de la vida. Su corazón late a la par del éxito de las Misiones de la Revolución Bolivariana, de la Operación Milagro, de los proyectos económico-sociales del ALBA, de la integración latinoamericana y caribeñaa través de la CELAC.

Un lamento pugna por salir de mi garganta. Pero no solo impregna el dolor, también vibra el compromiso de hacer realidad los ideales de justicia que guiaron la vida del líder querido. Puedo expresarlo con las mismas estrofas que dedicara Nicolás Guillén al Guerrillero Heroico. Chávez: Comandante, Amigo, "Queremos morir para vivir como tú has muerto, para vivir como tú vives".