Por Maryla García Santos
La velocidad tiene nombre y nacionalidad: Usain Bolt, de
Jamaica. Aunque parece caído de otro planeta cada vez que con pasmosa
serenidad se impone en las citas atléticas más importantes.
Bolt detuvo en seco las manecillas del no menos famoso Big
Beng londinense –y los corazones de la multitud que abarrotó el estadio de Stratford-
para acreditarse sus segundos título y récord olímpico en el hectómetro.
Ya desde la semifinal –en la que ganó su heat poco menos que
caminando- el bólido había mandado un aviso a sus rivales: “repártanse la plata
y el bronce”. Porque el oro, señoras y señores, ya tenía dueño.