jueves, 30 de abril de 2015

Las puntas de la culebra



Por Rafael Cruz Ramos - Reblogueado desde Turquinauta -

Hay quienes están dispuestos a decir con su nombre y sus dos apellidos, con su dirección y sus ojos, con su cara y su badajo en riesgo: yo apoyo a Fidel, a Raúl, a la Revolución socialista, soy antimperialista y que salga el sol por donde salga.

Hay otros que tapan sus infidelidades, mientras escriben crónicas a la libertad, gente que espera a ver que va a pasar, y se hacen con sus discursos bien intencionados, de una puerta trasera para cuando “la revolución se venga abajo”, mientras cobran sus críticas en una moneda tan dura como sus juicios.

Hay quien levanta el librito rojo con la misma dignidad que Maiakoski, sabe que por eso no le otorgarán visa, y hasta puede ser que lo anoten en las listas de los excluibles, Y si “esto se cae” lo pueden ir a sacar de su casa con los recién estrenados agentes policiales según el anuncio de "3 días de libertdad para matar". Pero no le importa.

Hay otros que juegan a las máscaras o a tocarles los huevos al tigre sabiendo de antemano es fuerte pero no asesino.  No corren otro riesgo que la mirada torva de un paisano, al que se le puede acusar sin reparo de “burócrata, anclado en el pasado, que no quiere evolucionar” y muchos insultos de moda.

Hay quien se va a ir al desfile del primero de mayo con el corazón abierto, con el retrato de Fidel, con una bandera y no con dos. Ese regresará en la guagua de la calle, la de todos, tomará el ron que puede y terminará el día haciendo el amor con alguien que no le cobrará el sexo, ni sueña con “irse pal carajo de este país”.

Ese no tendrá un guion en el cine independiente, ni en el dependiente, porque su cotidiano heroísmo no parece tener telegenio, a ese no le harán crónicas en On Cuba, ni le pagarán viajecitos para que pruebe los urinarios electrónicos de Europa.

Todos los extremistas son oportunistas. Y todos los oportunistas ayudan al retorno del pasado, unos por apóstatas, otros por sectarios y muchos por ambas cualidades.  Son las puntas de una misma culebra. No importa si es uno que secuestró la Revolución para sí y reparte acusaciones de problemas ideológicos a todo lo que se mueva, o si es en cambio uno de esos que se da golpes en el pecho, desgarrando sus vestiduras como izquierdista y por igual, reparte acusaciones de oficialistas a todo el que no aplauda su brillante verbo.
 

Hay quien está dispuesto a seguir con la boina verde olivo, sin miedo al futuro, luchando por el futuro

Esos son los impresindibles.

De los otros ¡Qué Dios nos proteja!