lunes, 28 de mayo de 2012

Némesis puede quitarse la venda sin sentir vergüenza


Si existe un país en el que el significado de la palabra justicia se traduce a la realidad en toda su dimensión, ese es sin lugar a dudas mi Cuba.

Desde que el Ejército Rebelde comenzó su senda victoriosa, se puso de manifiesto lo que ha sido premisa durante los 53 años transcurridos desde el triunfo de la Revolución: el respeto a la dignidad plena del ser humano.

Las garantías están implícitas tanto en  la Ley Fundamental de la República como en el Código Penal, en varios de sus apartados. Y eso lo pudieron constatar de primera mano los asistentes al VI Encuentro Internacional Justicia y Derecho 2012. 


Además de intercambiar experiencias y puntos de vista en asuntos jurídicos, los delegados de 14 naciones pudieron visitar centros penitenciarios, conversar con los reclusos, y comprobar la falsedad de las campañas mediáticas que intentan, sin éxito, empañar la imagen de esta Isla muy bien bautizada como la “de la Libertad”.

Aquí, las instituciones penitenciarias amplían su rol, se convierten en centros educativos, para facilitar la reinserción de los reclusos en la sociedad tras el cumplimiento de las sanciones.

Actualmente, más de 27 mil sancionados asisten a las aulas, en todos los niveles educacionales. Mediante iniciativas promovidas por el Ministerio de Cultura, entre otras instituciones, pueden disfrutar de exposiciones, conciertos y otras actividades que enriquecen su espiritualidad; a la vez que tienen acceso a la práctica del deporte.

La tendencia nacional apunta a la disminución de la población de internos en condiciones cerradas, y el incremento de  la de mínima seguridad. De hecho, más de 23 mil reclusos están incorporados al trabajo, por el cual son retribuidos.

A eso se debe añadir la garantía de los servicios de salud, incluyendo el tratamiento a los portadores del VIH/Sida, que son atendidos en instalaciones especializadas.

Y no estoy hablando de frías estadísticas. Tengo un familiar al que le fue detectada una tumoración de tiroides, mientras cumplía su sanción. Inmediatamente fue atendido y, operado, recuperándose después en el hospital de la prisión. Hoy, realiza trabajo en un correccional, recibe permisos para visitar a su familia casi todos los fines de semana, y dentro de poco obtendrá la rebaja de su sanción por buen comportamiento.

Otro caso que refleja el humanismo de la legislación y el sistema penitenciario cubano es del norteamericano Alan Gross, quien fue condenado tras reconocer que trabajaba para la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), que lo envió a Cuba con el objetivo de suministrar materiales de comunicación satelital a grupos contrarrevolucionarios. 

Gross no ha sido torturado en ninguna forma, ha recibido visitas de su esposa, y mantiene comunicación sistemática estable con su familia. Además de estarle permitida la visita de oficiales de la Oficina de Intereses de los Estados Unidos, amigos y personalidades políticas y religiosas; así como el acceso a la prensa de su país.

Gran contraste con el caso de Los Cinco antiterroristas cubanos, condenados en los Estados Unidos mediante un juicio amañado, sometidos a régimen de confinamiento en varias ocasiones sin razón alguna, y privados durante trece años -en el caso de Gerardo y René- de las visitas de sus esposas.