sábado, 12 de mayo de 2012

Silvia, mi vecina, una gran enfermera


Desde hace unos dos años, Silvia se mudó a uno de los apartamentos del paso del medio, y aunque sabía que había sido enfermera, no tenía idea de su gran historia en esa profesión, que es también la de mi hermano.  

Silvia Ricardo Núñez es su nombre completo, y acaba de cumplir 70 años el pasado día 10, sintiéndose plenamente realizada en la profesión que escogió y en su vida familiar.

Ser en enfermera fue su pasión desde la primera infancia, en su Calixto natal. Desde que era muy pequeña, cuando jugaba con mis muñecas o con sus hermanas, siempre era la enfermera. En 1955, al padecer de cáncer su mamá, la familia se mudó a Las Tunas. Trabajando como empleada doméstica en la casa del dueño de la clínica Centro Médico, le hizo saber sus deseos, y él le permitió que por las tardes -cuando acabara su trabajo- fuera a ayudar y aprender.

Ya en 1958 Silvia trabajaba como  empírica y se unía a sus compañeras que colaboraban con los combatientes del Ejército Rebelde y la clandestinidad, hasta el triunfo de la Revolución. Durante aquellos primeros y difíciles años se incorporó de lleno a todas la tareas: fue alfabetizadora, participó como interventora en la expropiación de las clínicas privadas, participó en movilizaciones agrícolas, trabajos voluntarios.

Aprovechó la oportunidad de estudiar y poco a poco fue venciendo los diferentes niveles hasta graduarse primero como Auxiliar y más tarde como Licenciada. Silvia combinaba el amor por su profesión con el cuidado de sus dos hijos, a quienes siempre llevaba consigo.

Solo se separó de ellos cuando el deber la llamó a cumplir misiones internacionalistas:  cinco en total. Estuvo en Angola, Iraq;  durante tres años trabajó en el programa de atención a los niños afectados por el accidente nuclear de Chernóbil, en Tarará; y después fue a Gambia y a la República Bolivariana de Venezuela.

Pero considera sus misiones más importantes las que cumplió aquí. Por necesidades del servicio estuvo en muchos centros de salud, y se siente orgullosa de haber dado el paso al frente para acudir dónde fuera necesario, porque no hay país con una riqueza humana como la que tiene Cuba. Y está segura de que si volviera a nacer, volvería a ser enfermera.

Silvia se siente feliz de que la llamaran mamá no solo sus hijos –tiene también tres nietos, una nieta, y cuatro bisnietas-, sino muchos de sus pacientes. Tal es así que el colega José Antonio Fulgueiras -en su libro Gambia, el perfume de las raíces- le dedicó una crónica titulada “Mamá Silvia”.

Hoy, en El Día Internacional de la Enfermería, Silvia Ricardo felicita a sus colegas, y exhorta a los jóvenes a unirse a esta profesión, una de las más humanas y urgidas de sensibilidad.Ella me confiesa que solo le queda por cumplir un anhelo: “Estrechar la mano de Fidel, y decirle: ¡Comandante, aquí está Silvia Ricardo Núñez, y ordene para lo que sea!”